Un árbol viejo llamado México.
Suele suceder, en algunas personas, que el
hablar de México en estas fechas tan especiales, es algo un poco complicado. Y
es que, este país ha pasado por tantas cosas que, para poder entender este país
y su gente es necesario retroceder y ver los orígenes. Por eso México lo veo
como un gran árbol viejo, de aquellos que la gente no sabe cuándo empezó a
crecer o quién lo plantó, como si su mera existencia estuviera permanentemente
ligada a la quietud de la tierra. Y en ese árbol, habitamos en sus hojas
magulladas y la historia de nuestro pueblo se tuerce y enreda como las ramas
del mismo. Para entendernos, sería necesario descender y escarbar en las
raíces.
Y las raíces de México tienes manchas.
Manchas de sangre. Que se remontan al México precolombino, donde las
rivalidades entre el poderoso imperio mexica y el humilde pueblo tlaxcalteca
hicieron explotar la zona en grandes guerras. Después vinieron los españoles,
disfrazados de dioses. Engañaron a los mexicas con ayuda de sus rivales (los
cuales, más tarde, tendrían el mismo destino) y aquel reino, que parecía tener
el mundo a sus manos, sucumbió. Pasaron
muchos años donde el choque cultural entre dos continentes tan distintos dio
forma a una identidad distintiva, casi única en el mundo. Sin embargo, el
siguiente gran cambio sucede un 16 de septiembre de 1810, con música de
campanas y cañones, miles de hombres y mujeres clamaron la libertad por un país
que vivió en miseria y esclavitud por trescientos años. Ahora, estos héroes y
heroínas que murieron con la esperanza de un México independiente son los que
celebramos y que nos hacen recordar ¿Qué es México?
México, es un misterio. En sus montañas,
sus flores, el olor de la comida y el brillo en la mirada de los que viven
aquí. México, es risa. Nos reímos de todo, hasta de la muerte, por eso la
celebramos, la cantamos y hasta tenemos el descaro de disfrazarnos de ella.
Decía Carlos Fuentes que para él le era imposible escribir una novela completa
en México, porque en México la gente platica mucho, bebe mucho y come mucho;
tanto que, una reunión de amigos se tardaba horas y nunca faltaba aquel
insistente que no le dejaba irse. Es tanta la vida que exudan los mexicanos,
que para Fuentes no le daba tiempo de escribir un libro largo.
México es sonido. El sonido de un gallo
que canta en las mañanas, el sonido de un río que corre por el campo, el sonido
de los quetzales (pájaros de cuatrocientas voces, como recitaba
Netzahualcóyotl) en las selvas húmedas, el sonido de un mariachi llevando
serenata, el sonido de las manos de las tortillas amasándose en las manos de
las mujeres o el sonido de las palmadas en la espalda cuando dos amigos se dan
un abrazo. Pero México también es una guerra, porque, incluso en este siglo,
continuamos lidiando con el derramamiento de sangre. Nuestro propio himno nos
lo dice y nuestra historia lo confirma, que a lo largo del tiempo hemos cargado
una serie de conflictos en dónde siempre está presente una fuerza superior
sobre otra más débil. A veces, incluso, tenemos conflictos con nosotros mismos,
porque el mexicano tiene muchas caras, muchas pieles, muchas lenguas. Todas
igualmente aceptados, y, sin embargo, nuestra sociedad le cuesta ver más allá
de la imagen de un hombre blanco o una mujer blanca. Eso plantea guerras
internas en muchas personas, y son guerras que se viven en silencio.
México es muchas cosas que ni siquiera
podemos descifrarlo en una sola. Para mí, sigue siendo un gran árbol viejo, al
que estoy ligado (igual que muchas personas). Es, sencillamente, un árbol viejo
que ha vivido tanto tiempo que parece que nació con el mundo; y, a pesar del
tiempo, se mantiene fuerte, resistente, vivo.


Me encantó, muy bello..
ResponderBorrarExcelente
ResponderBorrarQue gran texto, me gustó muchísimo.
ResponderBorrarExcelente trabajo.
ResponderBorrar"México es un misterio", totalmente cierto, hermano
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