Hoy fue un día soleado
La cita se dio lugar en
la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco. Cientos de personas de todo el
país atendieron el llamado de una causa en común. A nivel cultural, hoy día,
asumimos que todas las personas que se encontraban en este lugar eran
estudiantes, pero no, también se encontraban profesionistas como maestros o
doctores, la clase obrera y civiles comunes que, por una u otra razón, sentían
empatía por lo que se luchaba. El objetivo del movimiento era unir al pueblo de
México en contra del gobierno; y desde el mes de julio de aquel año (1968) los
encuentros entre los estudiantes y las fuerzas armadas se volvieron más
agresivas. Arrestos, disparos, golpes, detenciones en aulas. El termómetro de
la barbarie humana llevaba tiempo comenzando, los medios de comunicación
tampoco fueron de ayuda, a menudo en los titulares llegaron a referirse a los
manifestantes como “terroristas”. La situación no mejoró cuando se anunció
cuando México fue escogido como sede de los Juegos Olímpicos de 1968, los
cuales darían comienzo el día 12 de octubre de aquel año, y marcarían una antes
y después en la historia del deportismo internacional, ya que estos juegos
serían los primeros en transmitirse por televisión a nivel global. Todo el
mundo estaba entusiasmado, y se tenían grandes expectativas en el país
gobernado por Gustavo Díaz Ordaz como el anfitrión del evento. Pero dentro de
México la situación social era muy complicada. El gobierno temía que estos
movimientos, los cuales tenían, en su mayoría, ideología de izquierda,
generaran una mala imagen del país ante toda la prensa internacional que llegaba
para cubrir el evento.
“Después de 1968, Díaz Ordaz declaró que al enfrentar
el conflicto se habían agotado los recursos políticos y se tuvo que acudir a la
fuerza… Lo que se quería era destruir de un solo golpe el movimiento
estudiantil para dar paso a las Olimpiadas. La represión tuvo lugar diez días
antes de que empezaran, estaban obligados a sofocar las protestas, pero lo
hicieron de una manera brutal”.
En este reportaje de la
BBC se reconoce la influencia política que tenían las Olimpiadas, y, por lo
tanto, uno de los puntos a considerar de porqué sucedieron las cosas de esta
forma. Fue así, como en la noche del día 2 de octubre se desahogó aquel impulso
violento que se venía reprimiendo desde hacía meses atrás. Desde un helicóptero
que sobrevolaba la Plaza de las Tres Culturas, se lanzaron dos bengalas en
señal de abrir el fuego. Los francotiradores dispararon sin discreción,
haciendo caer los cuerpos magullados a causa del fuego ardiente en la piel,
como si estuvieran imantados al suelo.
“Desde entonces no puedo
ver un helicóptero sin que me tiemblen las manos. Muchos meses después de haber
visto al helicóptero disparar sobre la multitud, no pude escribir a mano de
tanto que me temblaba...”
Se dijo que llovió muy
entrada la noche. Y el flujo de la lluvia removió del concreto la sangre y
vísceras, y por las escalinatas que dan acceso a la Plaza descendía un
riachuelo rojo que se llevó el olor del plomo y los últimos alientos de cientos
de vidas inocentes, en la noche más oscura que aquella ciudad pudo haber visto.
El día siguiente amaneció
igual de silencioso, en los principales periódicos de la nación el incidente se
reportó como un “zafarrancho” o una de las tantas peleas que habían tenido los
granaderos y los ya mencionados, terroristas. Es indudable que la prensa tenía
una posición adquirida en ese momento, y es que, para que el plan de
silenciamiento resultara efectivo, era necesario comprar a todos los medios de
prensa, dando como resultado titulares inconexos de la realidad misma como
aquellos que aseguraban que en el enfrentamiento violento perecieron cerca de
28 personas, cuando en realidad, se tiene una cifra calculada entre 300 y 400
muertos, según portales como Wikipedia (2020). En la televisión se vio lo
mismo, pocos fueron los telediarios que hablaron de la noticia; de hecho, se
hizo muy conocido aquel rumor de que el periodista Jacobo Zabludovsky anunció
al inicio de su noticiero matutino: “Hoy fue un día soleado”. Esta frase fue
tomada como el ejemplo más claro de la indiferencia que ejecutaron los
periodistas ante una masacre descomunal donde murieron tanto jóvenes como
adultos. Han pasado los años y se ha descubierto que el señor Zabludovsky nunca
dijo esta frase en ningún momento, sin embargo, llegó a reconocer que los
medios de comunicación más importantes del país estaban ocultando las manos
manchadas de sangre detrás de un gobierno que intentaba aparentar un pueblo
feliz y conforme. Lejos de aquella realidad, varios escritores y periodistas
tomaron acción propia para desenmascarar la verdad de aquella noche trágica.
Uno de esos ejemplos es la escritora Elena Poniatowska, quien reunió un collage
de relatos de personas que vivieron el horror en carne propia, los publicó bajo
el título de La Noche de Tlatelolco y se publicó después del término del
sexenio de Díaz Ordaz. Gracias a la
publicación de este libro, la sociedad mexicana y el mundo entero se enteraron
con detalle de lo que sucedió, de aquellas voces que anhelaban justicia y
fueron silenciadas y ocultadas con la hipocresía de las palomas blancas que
volaron en la inauguración de los Juegos Olímpicos, como símbolo de la paz.
Tlatelolco es una cicatriz que lleva México cargando desde hace más de
cincuenta años, la traición de soldados y periodistas que vendieron una verdad
que cada año merece ser contada. Como estudiante, reconozco que las ideologías
de aquella década han marcado a mi generación, que el México en el que vive
cambió a partir de un 2 de octubre de 1968, y veo que la verdad no siempre va a
estar en los periódicos, las redes sociales o la televisión, sino que hay
verdades silenciadas, que pesan en el alma de muchas personas y como seres
humanos, debemos encaminarnos a guardar silencio y escuchar a aquello que han
sido silenciados.
“Aquí está el eco del
grito de los que murieron y el grito de
los que quedaron. Aquí
está su indignación y su protesta. Es el
grito mudo que se atoró
en miles de gargantas, en miles de ojos
desorbitados por el espanto el 2 de octubre de 1968,
en la noche de Tlatelolco”.
Referencias
Nájar,
A. (02 de octubre de 2018). bbc.com. Obtenido de bbc.com:
https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-45714908
Poniatowska,
E. (1971). La Nohe de Tlatelolco. Ciudad de México: Biblioteca Era.
Wikipedia.
(10 de Octubre de 2020). Wikipedia. Obtenido de Wikipedia:
https://es.wikipedia.org/wiki/Masacre_de_Tlatelolco


Que buena redacción Sandoval me gustó mucho!
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